El mexicano por adopción, Francis Alÿs, muestra una importante serie de pinturas en el Irish Museum of Modern Art de Dublín

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En 1986 Francis Alÿs (Amberes, 1959) llegó a la Ciudad de México y desde entonces ha hecho de éste su lugar. Las calles de la gran urbe se han convertido en material de trabajo artístico aunque su carrera, hay que decirlo, tuvo inicio ese año, tras sus estudios de ingeniería y arquitectura en Bélgica e Italia.
El Irish Museum of Modern Art (IMMA) de Dublín, que desde hace unos años viene haciendo importantes esfuerzos por posicionarse internacionalmente, presenta, hasta el mes de mayo, una serie de pinturas que Alÿs empezó en 1995 y con la que aún hoy sigue trabajando -como en una especie de diario de recuerdos de todos estos años-.
A través de 111 pinturas de formato pequeño (11.5 X 15 cm), Le temps du sommeil, que da nombre a la muestra, pone en evidencia parte de las preocupaciones, gustos e intereses que desarrolla el artista belga, mexicano por adopción, en su obra plástica. Los personajes, objetos y situaciones que aquí pueden verse también ilustran momentos vividos durante la realización de performances y acciones. Son muy conocidas las largas caminatas, sobre todo a finales de los años ochenta, que realizara Alÿs por pueblos y ciudades nunca antes visitadas por él, y que le han servido como experiencias fundamentales para construir narraciones que diluyen, sin duda, los límites de la realidad y la ficción mientras nos enfrentan con la comicidad, la reflexión vital y artística, e incluso, con el carácter irreverente de su trabajo. Si bien estos son aspectos generales en la obra de Alÿs, en la serie Le temps du sommeil destacan de manera especial por la naturaleza que poseen las pinturas. Como un catálogo de personajes y acciones, cada pieza ha sido creada sobre un fondo rojo veneciano, desde el que se abre una pequeña ventana que, visualmente, ofrece una situación o personaje aislado como centro de la obra.
En el trabajo de Alÿs es frecuente la reflexión del hombre en su entorno, entendiéndose éste como el cotidiano, privado, y el universal, relacionado con el entorno público. En esta preocupación, es recurrente el uso de la noción de lo efímero -que no sólo se reduce a cierto tipo de acciones artísticas sino también a su significación como término propiamente dicho-. El tratamiento dado a este marco de ideas estimula un discurso ambiguo que se hunde en la posibilidad de múltiples interpretaciones que cargan la narración de un sentido utópico. De esta manera, historias que surgen de acciones supuestamente casuales y azarosas obligan a cuestionar su propia naturaleza y nos enfrentan con una obra de gran basamento reflexivo y crítico. Así, por ejemplo, la representación de animales no es más que una vía para proyectar aspectos vitales del hombre en su vida individual, social y psicológica.
Alÿs busca la identificación del espectador pero también, en función del formato y medio utilizado, busca su participación. En torno a ésta es necesario comentar un performance, siempre citado, que expresa muy bien lo anterior, Cuando la fe mueve montañas, presentado en ocasión de la IV Bienal Iberoamericana de Lima (2002). A través de un gesto que coquetea con acciones del land art de los años setenta, el arte minimalista y el conceptual, Alÿs pidió a 500 voluntarios, aprovisionados con palas, que movieran unos pocos centímetros una duna limeña de casi 480 metros de altura. Este performance, cuestionable o no, nos enfrenta con la posibilidad de manipulación que puede lograr alguien en función de su papel -en este caso el gran artista frente a los estudiantes de arquitectura que colaboraron-, acción que se traslada a muchas otras relaciones y abusos de poder que se viven hoy en contextos muy diferentes.
Pintura, grabado, dibujo, fotografía, arte sonoro y arquitectura son las principales vías que emplea Alÿs en un trabajo imposible de clasificar, pero que lo han llevado a estar actualmente entre los 100 creadores más cotizados del mundo. Representado por tres galerías muy reconocidas, Yvon Lambert (París), Peter Kilchmann (Zürich) y David Zwirner (Nueva York), Alÿs ha expuesto en: Kunsthaus Zürich, MoMA de Nueva York, KW Institute for Contemporary Art de Berlín, Tate Modern de Londres, el Centre Pompidou de París, además de haber participado en eventos como La Biennale di Venezia, la Bienal do Mercosul o la Bienal de La Habana. En este momento, aparte de la exposición que ofrece el IMMA, el Museo Nacional Centro de Arte de Madrid, en su sede del Monasterio de Santo Domingo de Silos de Burgos, presenta de Alÿs la muestra Fabiola, con más de 300 piezas, que ya han podido verse el año pasado en la Dia Art Foundation de Nueva York y en el LACMA de Los Ángeles, entre otras instituciones.
Alÿs es para muchos el más latinoamericano de los artistas europeos. Su trabajo está absolutamente atado al entorno, como material artístico y como asunto de reflexión. En este sentido, México, con su entidad tan particular, variada, compleja y, por demás colorida, ha jugado un papel determinante en la obra de Alÿs, tanto así que un día llegó por azar a la tierra azteca y casi tres décadas después no ha podido dejarla.

Mónica Núñez Luis / views of art

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Francis Alÿs – Algunas veces el hacer algo no lleva a nada

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Francis Alÿs – Entrevista – The Last Clown 1995-2000

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