El Museo del Barrio de Nueva York ofrece un recorrido por el arte chicano

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Apreciada por unos y rechazada por otros la cultura chicana posee una entidad bastante más importante de lo que muchos han querido asumir. Su arraigo a lo mexicano, en el marco de su asociación y desarrollo en el mundo anglosajón, le ha permitido contar en todo momento con muchos adeptos, sobre todo si se tiene en cuenta el importantísimo nivel de inmigración mexicana que ha tenido Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX. Como buen ejemplo de parte de lo que ha implicado a nivel artístico este movimiento el Museo del Barrio de Nueva York presenta, hasta el mes de mayo, una destacable exposición bajo el título Phantom Sightings: Art After the Chicano Movement. Organizada por Los Angeles County Museum of Art y el Chicano Studies Research Center of the University of California (UCLA), Phantom Sightings recoge el trabajo de casi dos décadas, los sesentas y setentas, además de algunas expresiones recientes, de lo que han sido las manifestaciones más relevantes del arte chicano. Justamente en 1960 se creó el Chicano Civil Rights Movement, como vía para reivindicar los derechos laborales de este colectivo, y a partir de él se ha producido la legitimación de todas las expresiones desarrolladas en su entorno.
En los primeros tiempos el arte chicano fue eminentemente figurativo, dada su adscripción al muralismo, pero poco a poco amplió sus horizontes e intereses; así, no sólo lo social, cultural y político eran su principal centro de atención. La fuerza del simbolismo y el imaginario mexicano, en el que indefectiblemente también están presentes elementos coloniales, han constituido aspectos bastante reconocibles del arte chicano y Phantom Sightings ofrece a través de más de 100 piezas, entre pinturas, esculturas, performances, instalaciones, fotografías o videos, mucho más que esto.
Artistas chicanos provenientes de puntos distantes del propio Estados Unidos están representados en esta muestra, donde pueden verse trabajos de reconocidas figuras como: Scoli Acosta, Margarita Cabrera, Juan Capistran, Sandra de la Loza, Alejandro Diaz, Nicóla Lopez, Harry Gamboa Jr., Patssi Valdez, Gronk (Glugio Gronk Nicandro), Carolyn Castaño, Adrian Esparza, Victor Estrada, Carlee Fernandez, Christina Fernandez, Gary Garay, Ken Gonzalez-Day, Danny Jauregui, Jim Mendiola, Delilah Montoya, Julio César Morales, Ruben Ochoa, Eamon Ore-Giron, Cruz Ortiz, Rubén Ortiz-Torres, Marco Rios, Arturo Romo, Shizu Salamando, Eduardo Sarabia, Jason Villegas y Mario Ybarra Jr.
La exposición ya ha podido verse en el 2008 en LACMA Los Ángeles y el Museo Tamayo de D.F. Posteriormente, en The Museo Alameda de San Antonio, Texas, en el Phoenix Art Museum y en el Museo de Arte de Zapopan de Guadalajara. Pero ahora llega a la Gran Manzana, emplazamiento de especial importancia por su diversidad cultural, en la que precisamente lo latino posee un interés particular en los últimos años.La selección de esta muestra permite aportar un acercamiento diferente hacia lo que han sido los estereotipos más usuales asociados al arte chicano, según insisten sus organizadores. Por ello, además de la importancia de la selección de los creadores que la integran esta exposición permite dar a conocer nuevos nombres y nuevas tendencias internas del arte chicano, que dan buena cuenta de expresiones muy poco o nada conocidas en él realizadas en formatos como el video, performance, fotografía, además de documentación de intervenciones en espacios públicos.
La transformación de objetos familiares con cargas culturales muy comprometidas, el interés en artistas y movimientos fundacionales del arte desde una lectura cargada de referencias propias (Juan Capistran), la relación entre asuntos filosóficos y etnográficos (Nicola López), la relectura crítica, política y afectiva de elementos y problemas culturales básicos mexicanos (Margarita Cabrera) o el interés en torno a presentar otras visiones de lo popular (Rubén Ortiz-Torres), son algunas, entre tantas tendencias que caracterizan al arte chicano reciente.
Por todo lo comentado Phantom Sightings demuestra que el trabajo de los creadores que integran este movimiento ha dejado de ser la visión de un colectivo apocado por su deslegitimación en el establishment del arte y que lo ha mantenido, precisamente, como fantasmas en el medio, es decir, con presencia pero sin visibilidad. De esta manera, exposiciones como la presentada manifiestan qué es lo que se han hecho y están haciendo aquellos artistas atados, culturalmente, al peso de una raigambre familiar, social y cultural definida por dos mundos, el mexicano y el norteamericano.

Mónica Núñez Luis / views of art

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